Tropicaza: un cazador de discos y rarezas dignas de ser bailadas

En su búsqueda incansable de música de herencia africana y latina que luego compartirá en alguno de sus sets, Carlos Icaza, o Tropicaza para los cuates, ha desarrollado dos facetas hasta convertirse en un personaje de aires legendarios de la escena musical capitalina: acumulador de discos y baterista de múltiples bandas.

Además, ha venido tramando fiestas para difundir todo eso que ha descubierto en años y años de coleccionar ritmos. “A mover el bote” es una de ellas, con la que lleva una década en distintos sitios de la ciudad, y con la que busca estimular otras formas de bailar, siempre con sus más recientes descubrimientos musicales. 

La música que se toca en “A mover el bote” suele ser altamente bailable, y proviene de todos los continentes, de todos los países que tengan una influencia o una herencia africana. Sus delirantes sets están siempre repletos de joyas y rarezas discográficas. 

Tropicaza suele eludir referirse a géneros musicales específicos. Prefiere decir que sus vinilos siempre tienen cierta riqueza rítmica.

“A mover el bote” es una fiesta donde reina el baile, que pasa por una especie de concurso —se regalan tragos a los mejores pasos cada cierto número de temas— y que es, al final, una reunión catártica entre gente que, sencillamente, no puede no bailar y a la que le interesa hacerlo con la mejor música grabada posible.

 

 

Tropicaza es un investigador de lo rítmico, lo mismo en su búsqueda incansable de música que luego compartirá en alguno de sus sets, que como divulgador de esas investigaciones en alianza con otros ritmofílicos o como baterista de bandas como El Pan Blanco, Evil Hippie, La Redada Fantasma, Los Esquizitos o Las Comadrejas (aunque ha colaborado con decenas de bandas más).

Los primeros contactos de Tropicaza con la música sucedieron en el entorno familiar. Su primer disco se lo obsequió un tío muy aficionado a escuchar música y coleccionar discos, y su papá compraba un disco a la semana, lo mismo de Los Panchos o Lola Beltrán, que de Kiss o Michael Jackson.

A ambos, a su papá y al tío Gustavo, podríamos deberle el eclecticismo que hoy le conocemos a Tropicaza. El tío Gustavo le regaló Cherry Red, de los Bee Gees, cuando era todavía un niño.

Con el paso de los años, Tropicaza ha afinado el oído hasta relacionarse con su entorno desde la escucha profunda. “Todo lo que está a nuestro alrededor puede ser música”, es uno de sus lemas, “una oración, un río corriendo o un fluir de automóviles”.

En los mixes que hace muestra precisamente que la música es una sola cosa. Toda esa idea de los géneros, los estilos y las décadas le parece una cosa francamente aburrida.

Por:

  • Jesús Pacheco (@peach_melba)

Fecha:

  • 14 Ene 2020 14:01 Hrs.

Compartir: