La imponente influencia latina en la música electrónica

La música electrónica latina, desde su origen fundamental, a partir de la decáda de los ochenta, apeló a un dilema ontológico para definir su identidad. Si bien durante sus inicios no hizo más que imitar a la escena electrónica del Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, mientras que la comunidad gay de la región trató de sincretizar sus propias versiones del Paradise Garage, pasaron muchos años para que esta cultura comenzara a comprenderse.

Simultáneamente la llegada del rave impulsaría la segmentación de estilos, exponentes y escenas, el beat en esta parte del mundo se envalentonó y se animó a flirtear con la tradición musical de ritmos inesperados. Desde entonces, la distención entre propuestas locales con tilde en lo autóctono y las que apostaban por sumarle personalidad a las líneas conceptuales diseñadas en los ejes del imperialismo de las vanguardias sonoras, aunado al deslumbramiento que provocaron los DJs y las mega fiestas, desembocaron en la inserción de un nuevo lenguaje en el orden mundial del baile y de la experimentación.

Es evidente como la música latinoamericana ha sido prevalente en el mainstream. En 2018 el negocio de la música latina en EE.UU. creció un 18% respecto a 2017, según datos de la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos. Este mercado dejó ganancias por US$413 millones. Y esa tendencia continuo en 2019. En la primera mitad del año, las ganancias de la música latina en EE.UU. crecieron 13,5% respecto al mismo período de 2018, según la RIAA.

"Cualquier conversación acerca del mercado de la música latina comienza con una palabra: streaming" - Michele Ballantyne, jefe de operaciones de la RIAA.

 

Así como destaca Whitney Wey para The Guardian, en la primera mitad de la década de 2010, el mundo occidental dominó la conversación en la música electrónica. Productores masculinos y DJs, a menudo con sede en Londres, Nueva York o Los Ángeles, controlaron en su mayoría las puertas de entrada y tomaron música de culturas extranjeras sin consecuencias. El ejemplo obvio es Diplo, que inserto excertos de baile funk, dancehall y reggaeton y adapto cada ritmo para infiltrarse en más amplios mercados, convirtiéndose en uno de los artistas más destacados de esta apropiación, pero tan solo es uno de los muchos productores en la década posterior a internet de quienes incursionaron en diferentes culturas con despreocupación juvenil y tendencias pasajeras.

 

 

 

 

Sin embargo, en la segunda mitad de la década, las escenas multilaterales de clubes de América Latina, África y el este de Asia han llegado a definir el mundo subterráneo global, cada uno propulsando sus sonidos nativos hasta el filo de la música electrónica y con magistral destreza técnica.

En una encuesta reciente realizada por Pew Research Center, el 60% de los estadounidenses creía que Estados Unidos disminuiría en importancia mundial para 2050. Las tendencias musicales actuales ya revelan estas drásticas vicisitudes del poder occidental. Las estrellas del pop de hoy ya no necesariamente hablan inglés, sino a menudo español o coreano. El vocabulario que utilizan los críticos para describir géneros que no hablan inglés se ha vuelto más rico en textura y más granular que nunca, evitando firmemente el término "música mundial".

La música club no es diferente: la música electrónica de la izquierda más vibrante y progresista existe en América Latina, África y el este de Asia.

 

 

Estas escenas, que están unidas a través de Internet y las redes sociales, surgieron de la defensa de las minorías continentales, quizás impulsado en parte por el panóptico global de Internet, los DJs y productores de la nueva generación combinan todo tipo de ritmos latinos, desde las rítmicas percusiones del candombe hasta la euforia del trance duro, que los componentes clave son casi irreconocibles, y luego agregan su propio sabor local distintivo. El resultado es un sonido simultáneamente global y local, y las colaboraciones intercontinentales lo hacen aún más cosmopolita.

Algo está claro, el ritmo latino ha permeado las escenas club alrededor del mundo, los productores y DJs están tomando los sonidos de la pista de baile con combinaciones más iconoclastas que parecen indicar el resurgimiento del punk en versión electrolatina. Los más nuevos y prometedores artistas ahora tienen la infraestructura para atraer audiencias, y las audiencias, a su vez, saben que los expertos e innovadores de estos nuevos géneros se encuentran cerca de su fuente.

Pero más allá de que sea una música innovadora para la escena electrónica, hay otras características de este "renacimiento" de la música latina en el mundo. Otra clave es que en el género electrónico latino y urbano son muy comunes las colaboraciones entre artistas. Una misma canción, puede tener varias versiones en las que participan tres o cuatro artistas, De esa manera, se amplifica la base de seguidores a la que llega cada canción. Resulta esencial la fibra comunitaria para cada realización, y esto genra un beat muy universal, en cualquier parte del mundo se puede sentir, no importa si se entiende o no lo que se está expresando, el sonido latino le habla al cuerpo humano.

Por:

  • Ben Malik

Fecha:

  • 13 Ene 2020 13:04 Hrs.

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