La Bruja de Texcoco: magia, transfeminidad y sones en el Vive Latino

Mucho se habla de La Bruja de Texcoco como un proyecto musical que está cambiando la forma en que se ve y se escucha el folclor mexicano. Pero La Bruja no es solo un personaje, se trata de la identidad femenina de Octavio Mendoza, descubierta en un ritual mexicano y con la que hoy va creando comunidad y momentos mágicos con ayuda del son, el huapango y otros géneros de la música tradicional mexicana.

En la edición 2020 del festival Vive Latino, La Bruja de Texcoco será la primera artista trans en formar parte de su cartel y buscará echarse a la bolsa a un público heteronormado con ayuda de un repertorio más festivo, su poderosa presencia en el escenario, su colorido atuendo, su mezcal sanador y esa identidad en transición que ha venido narrándonos a través de sus canciones.

En el Vive estrenará dos canciones, una que habla sobre un amarre y una más que habla sobre el miedo. Además de esos estrenos, habrá más sorpresas, y La Bruja sabe que va a enfrentarse a un público difícil: «A la heteronorma, totalmente. Estoy muy acostumbrada a estar rodeada de personas que vibran como yo, gente marica, gente queer —aquí en ONDA MUNDIAL me siento plena, porque hay gente que vibra como yo—, y eso quita cierto peso, pero estar en el Vive, donde habrá muchas personas que no saben que existimos, quiero aprovecharlo para manifestar mi vivencia por medio de la música y decir quién soy. México es un país muy violento hacia las feminidades y hacia las transfeminidades. Quiero normalizarlo y mostrar que soy una persona tan común como el que me está viendo. Soy la  primera mujer trans que va a estar en el Vive Latino, y eso es muy importante, no solo voy hablando por mí, sino por muchas personas que piensan que esto debería de cambiar.»

Transfeminidades en la tradición mexicana

En «De Brujas, Peteneras y Chachalacas», un disco corto pero contundente, La Bruja de Texcoco se propuso hablar de las transfeminidades en la tradición mexicana. «Están las muxes de Juchitán de Zaragoza, las chuntaes de Chiapa de Corzo, las maringuías del estado de Michoacán… Las transfeminidades existen y están muy vivas en la tradición mexicana, pero lo que yo quería era adaptar, interpretar estas músicas que las acompañan, y a partir de eso crear mi propia música.»

El EP está compuesto por un son istmeño (“Laabe Muxhe”),que le canto a las muxes de Juchitán; un huapango (“Té de Malvón”),inspirado en las músicas de la región de la Huasteca; luego, una suite que habla de cómo llega La Bruja (“Suite Aquelarre”); luego viene un son jarocho, “Balajú”, que suele hablar de las vivencias que tienen los marineros y sus conquistas, y La Bruja le da la vuelta y se visualiza como una sirena conquistando batallas en el océano. Y en “Nahual Papalotl”, narra el episodio en el que un curandero le hizo descubrir que era una bruja y que sus poderes provenían de la música.

Entregarse a la música tradicional

La formación de La Bruja de Texcoco es clásica. Ella es violista. Pero en algún punto decidió dedicarse por completo a la música tradicional. Toda su vida estudió música clásica, pero llegó un punto en el que decide abandonar la universidad, para dedicarse a la música por completo. Al salir a buscar oportunidades, se encuentra con trabas, burocracia y exigencia de certificados. 

«Me negaron un lugar en lo que siempre había hecho, y eso me rompió, pero traté de continuar tomando talleres y cursos, y así llego a la Escuela de Música Mexicana, que estaba en Tepito. Ahí conozco a mi primer maestro de arpa, Mario Barradas, un icono en la música jarocha. Y me di cuenta de que la música de raíz, la música tradicional mexicana, no se aprende en una escuela, sino que se aprende viajando, conociendo gente, yendo a las comunidades, y eso me encantó.»

Desde entonces se dedicó a fluir en la música tradicional mexicana. Viajó por todo México y Latinoamérica conociendo géneros, y comienza a formar grupos y proyectos para interpretar esa música. En eso estaba cuando tuvo una revelación durante una fiesta a la que acudió todavía presentándose como Octavio Mendoza y vestido de guayabera y sombrero.

Detrás del nombre

En un momento previo a su transición de Octavio a La Bruja, visitó Texcoco en compañía de unos amigos concheros. «Ellos tienen un líder, un curandero, que cuando llegué me tomó de las manos y me dijo: “yo a ti te estaba esperando, tú eres una de mis brujas, y tú veniste aquí por algo”.» 

Al final de la fiesta todos agradecieron por lo que se bebió, se comió y sucedió en aquella reunión. En eso estaban cuando una chica se sintió mal y cayó al piso en medio del humo de copal. El curandero le pidió a Octavio que lo resolviera. Él no sabía qué hacer y lo único que se le ocurrió fue tomar su violín y tocar “El pescador de hombres”. La chica comenzó a mejorar.

«Después de eso, salimos el curandero, la chica y yo a media madrugada y el curandero me dijo: “Preséntate, di tu nombre, que eres una bruja de Texcoco, y di que lo que está aquí no es bien recibido en esta casa”. Ese momento se me quedó muy grabado, porque el curandero me dio a notar algo que yo toda mi vida había tenido bloqueado, que era mi feminidad. Y me di cuenta de algo muy valioso: en México tenemos esta esencia de que en cualquier momento podemos encontrarnos en cualquier rincón un momento tan surrealista como lo que me sucedió a mí. Así pude cruzar esta línea hacia la magia, donde puedes ser lo que quieras.»

Por:

  • Jesús Pacheco (@peach_melba)

Fecha:

  • 09 Mar 2020 16:32 Hrs.

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