Elysia Crampton: crear bandas sonoras para la resistencia

A mediados de 2016 apareció un disco intrigante que conseguía fusionar varios géneros musicales, múltiples temperaturas y varias tradiciones en algo completamente nuevo. El álbum se llamaba «Demon City» y lo firmaba Elysia Crampton.

Ese material fue descrito por la misma Elysia como un poema épico en el que se fusionaban la música electrónica de club con géneros latinos como la cumbia o el huayno. Para su confección, Elysia se alió con productores como Rabit y Chino Amobi.

Las reseñas sobre «Demon City» aludían al carácter violento de aquel viaje sonoro en el que alcanzaba a percibirse una narrativa distópica, salida del más pesimista de los relatos de ciencia ficción, pero del que se salía —se sale, en cada nueva escucha— fortalecido, como tras una catarsis. El disco era un homenaje a su abuela yungueña y a Bartolina Sisa, la indígena aymara que combatió la explotación en el siglo XVIII.

Tras aquel álbum genial, Elysia publicó «Spots y Escupitajo», igual de enigmático aunque de distinto talante; también reta la escucha, pero de maneras distintas. Con miniaturas sonoras —composiciones para piano y sus habituales experimentos electrónicos—, continúa explorando sus raíces latinoamericanas mientras nos lleva del vértigo al desconcierto.

Suele decirse que el trabajo de Elysia Crampton pone sonido a expresiones contemporáneas de resistencia y lucha por la sobrevivencia de los aymaras. Y mientras lo hace, va creando emocionantes bandas sonoras para el caos de la vida actual.

Foto: Boychild / Cortesía Qu Junktions

Por:

  • Jesús Pacheco (@peach_melba)

Fecha:

  • 23 Ene 2020 17:28 Hrs.

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