El Búho: de flores, aves y folclor imaginario

Robin Perkins, la persona detrás del personaje El Búho, creció en un pueblo en los cerros lluviosos del norte de Inglaterra. Más tarde, vivió un buen rato en Argentina, donde conoció diversas tradiciones de la música latinoamericana, desde aquellas de raíces bolivianas y andinas hasta la escena de la cumbia digital que impulsaba el colectivo ZZK por los días de su estancia en esos lares.

Todo ese conocimiento se combinó pronto con la cultura musical electrónica a la que había estado expuesto en las discotecas de Glasgow. Y pronto dio vida a esa especie de folclor digital imaginario en el que alcanzaba a verse una veneración por la naturaleza: las montañas, la selva, las aves... De hecho, el primer material que publicó, allá por el 2012, fue un EP con música inspirada por los cantos de algunas especies voladoras del Amazonas.

Cada uno de esos maravillosos tracks está compuesto a partir del canto de una distinta ave, cinco temas en los que los protagonistas eran desde el jacamará hasta el extraño autillo chóliba (o lechucita neotropical). 

El Búho ha contado que aquel trabajo fue una primera exploración en la búsqueda de un sonido propio y una identidad musical, algo que también ha perseguido en colectivo, vía el sello que fundaron en conjunto él y Barrio Lindo, y que busca conectar conciencia, música ancestral y producción electrónica.

Lo cierto es que desde aquel EP temprano ya podían percibirse tanto su acercamiento apacible y acompasado a la música de baile —sin duda, invita a moverse, como lo haríamos en un ritual que busca alcanzar algún tipo de trance o viaje interno— como su intención de hacer de la música una vía para integrar la naturaleza y hablar de ella como un aspecto esencial para todos.

En diciembre del 2018, El Búho estrenó “Camino de flores”, su segundo álbum. Este material emociona porque en él continúa reimaginando tradiciones y explorando ritmos de diversas regiones de Latinoamérica, e incluso alcanzan a oírse por ahí algunos arreglos en arpa que podrían venir de su estudio del son jarocho mientras vivió en México —¿o es nuestra imaginación?—. Lo cierto es que se trata de música capaz de transportarnos a un mejor lugar mientras está sonando y que, idealmente, nos inspirará para la acción cuando estemos de regreso del trance. Nada mejor para estos días que exigen plantearse nuevas maneras de enfrentar el futuro.

Por:

  • Jesús Pacheco (@peach_melba)

Fecha:

  • 16 Ene 2020 17:17 Hrs.

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